jueves, 4 de enero de 2018

Que baje Dios y lo vea

Una vez que se ha presentado la premisa de un monasterio que quiere solucionar sus problemas económicos ganando la liga ecuménica de fútbol, no hay muchas más sorpresas en esta historia. Pero está muy bien contada, con un guion ágil y francamente divertido, aunque haya algún momento innecesariamente chabacano. Contribuye también un excelente reparto que da vida a personajes que llegan al corazón, desde los monjes ancianos y joviales hasta el abad gruñón y entregado a su convento. Mención especial merece Alain Hernández, un religioso robusto y rebelde que lleva la teología de la liberación y aire fresco a una congregación un tanto tradicional. Sin ser perfecta, esta película contagia buen rollo y ganas de vivir, y hace pasar un rato estupendo a espectadores de todas las edades.

Puntuación @cineEnCines: 7/10


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