sábado, 29 de julio de 2017

El bueno, el feo y el malo

El hecho de ver mucho cine durante años de forma constante, ya sea de estreno o clásico, hace que nuestros gustos maduren y que podamos apreciar largometrajes que en su momento, cuando eramos jóvenes inexpertos, no dejaron la huella que merecían. Y un ejemplo de ello es el cierre de la Trilogía del dólar, una obra maestra del séptimo arte en general que colocó a su director entre los más grandes del western (y aún faltaba "Hasta que llegó su hora") junto a John Ford y Howard Hawks.

Una aventura épica y crepuscular que no solo tiene todo lo que debe tener una buena película del oeste, sino que además goza de un contexto histórico bien desarrollado que encaja a la perfección con la trama principal. Al frente del reparto tenemos a unos sublimes Eastwood, Van Cleef y Wallach, aunque es este último quien destaca por encima de los demás, con su sórdida y brillante interpretación de Tuco "el feo", y donde los adjetivos bueno y malo que definen a los otros dos personajes son meramente orientativos.

Tres horas que no dejan margen al aburrimiento para contarnos una epopeya casi "odiseica" que requirió mucho más presupuesto que Por un puñado de dólares o La muerte tenía un precio, para así poder apabullarnos con un despliegue de impresionantes decorados y una cantidad enorme de extras. A todo esto hay que sumarle la banda sonora de Ennio Morricone, una de las mejores de la historia del cine que acompaña a sus tres protagonistas hasta un apoteósico desenlace en el que la piel se queda de gallina hasta la conclusión de los títulos de crédito, y más allá.



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